Cebolla, zanahoria y apio forman una base sencilla para el caldo de huesos. Añádelos limpios y troceados, evita llenar demasiado la olla y ajusta la sal cuando el caldo ya esté colado.
Una base sencilla
- 1 cebolla por cada 2–3 litros de agua.
- 1 o 2 zanahorias para aportar dulzor.
- 1 rama de apio si te gusta su aroma.
- Laurel, perejil o tomillo en poca cantidad y retirados al colar.
Ingredientes que cambian mucho el sabor
El puerro, el ajo y las hierbas pueden dominar un caldo concentrado. Empieza con cantidades pequeñas si quieres usarlo después en platos diferentes.
Las verduras no corrigen un caldo demasiado salado. Si utilizas huesos curados, restos de asado o ingredientes ya condimentados, espera hasta el final para añadir sal.
Qué hacer con el caldo terminado
Cuélalo y úsalo como base de sopa, arroz, legumbres o salsa. Las verduras sometidas a una cocción muy larga suelen perder textura; no cuentes con servirlas como guarnición.
Para guardarlo, sigue las mismas pautas de enfriado que para cualquier sopa: recipientes poco profundos, refrigeración rápida y fecha visible.
Fuentes consultadas
Enlazamos cada fuente para que puedas revisar su contexto. Las fichas comerciales describen la oferta de su propio fabricante y no equivalen a una verificación independiente.